CAS | VAL
¡Oh, viejecita mía!
¡Oh, viejecita mía!
No vengas más a verme a la prisión...
Mas... ¡ay! si no vinieses, sufriría
mucho más tu sensible corazón.


Si vienes y me ves aherrojado
padeces cual la madre de Jesús;
si no vienes, más triste, atormentado
tu espíritu me ve llevar la cruz.


Y vienes sin poder venir a verme
burlando el infortunio tu valor.
El alma te desvives por traerme
algo de pan y frases de calor...
¡Eres mi madre!
Porque me diste espíritu del tuyo;
porque me diste sangre de tu sangre;
porque me diste leche de tu pecho,
¡Eres mi madre!

Porque me diste vida de tu vida
-gastándola en esfuerzos por criarme-;
porque besos y lágrimas reías,
¡Eres mi madre!

Porque me arrancaste de tu grito
-de tu grito más hondo y entrañable-
mostrándome a la Aurora milagrosa,
¡Eres mi madre!

Porque envuelto en la llama de tu espíritu
empecé entre las zarzas a guiarme
-saudade de los cielos en tus manos-,
¡Eres mi madre!

Madre mía, ¡qué mundo más hermoso
lograste con tu amor mostrarme!
Ya aunque te alejes, no te alejas: Dios
ha querido en mi espíritu guardarte.
www.pacomolla.com
fpm
PM